Escritora aguerrida
Se ganó a pulso un lugar preponderante en nuestras letras, a contracorriente y a pesar de muchos.
Se ganó a pulso un lugar preponderante en nuestras letras, a contracorriente y a pesar de muchos.
Este montaje de efeméride coincidió con la FIL de Guadalajara.
Producciones de esta naturaleza, sin pedanterías ni parafernalia de más, contribuyen de verdad a formar nuevos públicos de operómanos.
En Montmartre conoció a la crema y nata de la actividad cultural y artística del París de entonces.
Emprendió una de las carreras más sorprendentes por cuanto tuvo que recorrer, escalar y remover ingenio y trabajo.
“En recuerdo de Dario Fo”, escribe Mario Saavedra. Su teatro incisivo e irreverente, a veces casi incendiario, siempre comprometido, no deja títere con cabeza.
No deja de ser paradójico que uno de los escritores más citados y en boca de todos no sea conocido a través de su obra.
Mario Saavedra recomienda ampliamente la película del director Roschdy Zem, que se presenta en el Tour de Cine Francés.
Pareciera ya no tener cabida dentro de un mercado literario preferentemente sensible a historias lineales y convencionales.
Artista que siempre nos sorprende, ahora no ha sido la excepción.
In memoriam de Benjamín Domínguez
Desde hace casi tres décadas conozco y he seguido de cerca, incluso después de que desde hace más o menos quince años se fuera a radicar a Miami, al tenor cubano-mexicano-estadounidense Isaac Salinas.
Agradezco a mi querido amigo Leszek Zawadka el haberme invitado a presentar su más reciente disco Polonia romántica, el pasado miércoles 28 de octubre, en ese siempre sobrecogedor espacio que es el Munal, en las calles de Tacuba.
No soy precisamente lector del murciano Arturo Pérez-Reverte, pero su elocuente y conmovedor libro de estampas Perros e hijos de perra, en una estupenda edición de Alfaguara (con hermosos dibujos ex profeso del extraordinario pintor catalán Augusto Ferrer-Dalmau, que por sí mismos son una belleza), me conmovió sobremanera, más allá del reclamo de plagio que el autor tuvo por uno de los pequeños relatos allí contenidos que le había contado una persona en la ciudad de México.
Hace ya más de treinta años que el deslumbrante sueño de los quebecuas Guy Laliberté y Gilles Ste-Croix se detonó por las calles de su ciudad natal, en una especie de explosiva resurrección contemporánea de esa no menos destellante representación quimérica de la realidad que fue el teatro del arte renacentista italiano.
Premio Nobel de Literatura en el 2006, el turco Orhan Pamuk (Estambul, 1952) es autor, entre otros libros memorables (Me llamo Rojo, El castillo blanco, El museo de la inocencia, Nieve, entre otras narraciones de lúcida creatividad), de un seductor compendio autobiográfico conformado por verdaderas postales de su por demás deslumbrante ciudad natal Estambul, que antes había sido Bizancio y Constantinopla. En Estambul, ciudad y recuerdos, Pamuk se desnuda de cuerpo entero, y lo hace cobijado por un espacio que es torrente de historia, cruce de caminos, tropel de contrastes étnicos y culturales, numen de espiritualidad y de pasión.
El pasado 7 de agosto se conmemoró el centenario del natalicio de Rafael Solana (Veracruz, 1915-Ciudad de México 1992), y exactamente un mes después, veintitrés años de la sensible desaparición física de este notable humanista y escritor. Siendo una de las plumas fundadoras de este semanario, recuerdo todavía con profunda emoción su penúltimo artículo, en realidad una dolorosa despedida: “Con la playa a la vista”; escrita con la lucidez y en el superior estilo que lo caracterizaban —no exento de humor, aun en circunstancias difíciles—, hacía una concentrada retrospectiva de cuanto había sido su paso por este mundo, con el pasmoso valor de quien a distancia se ve vivir —y morir, irremediablemente— desde la otra orilla del Leteo.
Cada quien su vida: El amor es extraño, película de Ira Sachs
Del director británico Simon Curtis, mucho más experimentado y conocido en el medio de la televisión, y del mismo productor del hondo y conmovedor proyecto cinematográfico Philomena, del realizador también inglés Stephen Frears, La dama de oro (The woman in gold, Reino Unido-Estados Unidos, 2015), con un sólido guión de Alexi Kaye Campbell, narra en tres tiempos la historia del famoso retrato homónimo del gran artista plástico austriaco de transición Gustav Klimt.
He vuelto a leer con sorpresa el ya clásico Teoría del texto e interpretación de los textos, donde su autor, el semiólogo argentino Walter Mignolo (Corral de Bustos, 1941), aborda e intenta definir también, por sus características intrínsecas y extrínsecas, el texto ensayístico. Y me volvió a llevar a él la relectura a su vez de la más que reveladora biografía del gran genio del Renacimiento francés Michel de Montaigne (1533-1592), escrita nada más y nada menos que por ese otro gran talento judío austriaco que fue Stefan Zweig (1881-1942), quien ya persegiuido por los nazis concibió este hermoso acercamiento a la personalidad y la obra del considerado padre del género ensayístico como una gran alegoría de la libertad como esfuerzo de actitud creativa, en cuanto expresión personal que especifica entre sus rasgos distintivos ese espiritu de lúcida independencia.