Corral, caravana por la dignidad
Enfrentarse al gobierno federal no es un asunto menor, aunque sea una presidencia débil y de salida como la actual.
Enfrentarse al gobierno federal no es un asunto menor, aunque sea una presidencia débil y de salida como la actual.
De ahora en adelante, cualquier acción, mensaje o discurso se entenderá bajo connotaciones electorales.
Surgió la idea de aterrizar gobiernos de coalición, a efecto de construir mayorías legislativas con agendas comunes.
Como bien dice el refrán de Sancho Panza: ”Mientras se gana algo, no se pierde nada”.
Contar con una sólida y leal estructura, esa es la fuerza de Meade y la debilidad de Andrés Manuel.
No queda completamente claro el rumbo que cada uno propone, circunstancia que tendrán que afinar.
Es evidente que se requiere una reconciliación nacional, desterrando oligarquías y falsos redentores.
El Frente no se encuentra en la posibilidad de cometer errores, pues cualquier paso en falso le traería graves consecuencias.
El asunto comienza a tener dificultad, sobre todo por la postura de importantes y necesarios liderazgos.
El proceso electoral empieza con instituciones débiles, deterioradas y desprestigiadas.
El aroma a podrido es evidente, derivado principalmente por la corrupción, complicidad e impunidad.
No pasó mucho tiempo de haberse puesto en la Constitución ese supuesto para su aplicación, pues el emblemático asunto de las elecciones en Coahuila se adapta como anillo al dedo, en la causal establecida en la Constitución.
El presente sexenio ha estado cargado de escándalos.
El problema de seguridad, del combate al crimen y de impunidad que aqueja al país no se va a solucionar con la salida del procurador.
Está consciente la propia Margarita de que se ha colocado en un lugar donde son remotas las posibilidades de alcanzar la Presidencia de la República.
Seguimos padeciendo una democracia cara sin los resultados esperados por la sociedad.
¡Tantas cosas por corregir y enmendar, tanto que arreglar, tanto que componer, tanto por qué llorar, tanto por qué sonreír, tanto por qué luchar!
No existe mayor motivo para la reacción social que los actos injustos.
Se ve difícil que puedan salir acuerdos interesantes en las Cámaras, por el contrario, los incentivos se encuentran en la descalificación.
La distribución de culpas y el reparto de descalificaciones están como campanas llamando a misa.