¿Hay guerra fría hoy?
Este concepto de guerra fría se nutre de otros que también son parte del léxico del antiguo mundo bipolar. Además de las zonas de influencia, así sucede con la tesis del equilibrio del terror.
Este concepto de guerra fría se nutre de otros que también son parte del léxico del antiguo mundo bipolar. Además de las zonas de influencia, así sucede con la tesis del equilibrio del terror.
La complejidad creciente de la política mundial ha propiciado inéditas interpretaciones del poder, ya no necesariamente ligadas a sus componentes estratégicos, económicos y militares.
Jorge Bergoglio invitó a “soñar juntos” con un mundo mejor. Con realismo, dijo que los movimientos populares, a los que llama “poetas sociales”.
La experiencia acumulada por México en este renglón es valiosa y una de las más ricas del orbe. La diplomacia pública mexicana hace mancuerna con la política exterior, en su condición de palanca de apoyo al desarrollo nacional.
A manera de ejemplo, el sur global padece las consecuencias de una globalización inacabada, que no alcanza a derramar beneficios en todo el orbe.
Ante un escenario tan complejo, vienen a la mente diversas reflexiones sobre los perfiles y contenidos que pueden adoptar la paz y los pacifismos.
Sin proponérselo, en Tokio se recuperaron valores originarios de los juegos olímpicos de la era moderna, entre otros, que lo importante es la competencia en sí misma y no el triunfo.
Su objetivo es desarrollar acciones de colaboración para la vida sana de las nuevas generaciones y la protección a niños y jóvenes, a los que abre puertas para un futuro mejor.
En ese sentido, sus tareas tradicionales han sido la facilitación de las relaciones entre los propios estados y de estos con los actores no estatales que concurren en el escenario internacional.
El panorama descrito ilustra facetas dramáticas de estas dos primeras décadas del Siglo XXI, que en su intención primigenia aspiró a dejar atrás los horrores de la guerra y la pobreza.
De ahí la importancia de recordar las palabras de Martin Luther King, quien dijo que hemos aprendido a volar como pájaros y a nadar como peces, pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos, como hermanos.
Hace algunas décadas, la gente se entusiasmaba, y con razón, ante la magnitud de avances técnicos orientados a desarrollar vehículos para vuelos por el vecindario del sistema solar y para acercarnos a las estrellas.
La coyuntura registra tendencias vanguardistas de alcance universal. Por un lado, la gente valora a la democracia como instrumento efectivo de cambio social y porque proyecta sus aspiraciones de bienestar.
Tal y como ocurrió en el largo periodo de la Segunda Posguerra, todo parece girar alrededor de la doble presunción de que el Estado capitalista es perverso y no se lleva con la justicia.
En la búsqueda de la paz justa y duradera a la que tenemos derecho todos los pueblos, esa secularización descarta que se invoque a Dios para hacer la guerra.
La Administración entrante comienza labores en un contexto global marcado por la emergencia sanitaria y por desencuentros, algunos rancios y otros frescos, en el país y en diversas regiones del mundo.
Las lecciones aprendidas en el año 2020 han quedado registradas en la memoria histórica de la humanidad. Todos los conflictos, potenciales y reales, fueron relegados a una posición secundaria por la emergencia sanitaria.
El Coronavirus se ha posicionado en la cima de la agenda global y las acciones de pueblos y gobiernos están supeditadas a su control y eventual erradicación. No podría ser de otra manera.
De las nuevas amenazas, el terrorismo destaca por su violencia intrínseca. Así lo confirma el estado de conmoción global generado en 2001 por los atentados del 9/11 en Estados Unidos, cuya raíz puede encontrarse en el conflicto en Medio Oriente.
En este resbaladizo contexto, la amenaza de destrucción mutua asegurada que dominó el pensamiento estratégico del conflicto Este-Oeste, ha sido sustituida por la de guerras nucleares “limitadas”.