Los que hacen fila
Se mueven, opinan y procuran construir una imagen de transformadores del país.
Se mueven, opinan y procuran construir una imagen de transformadores del país.
De continuar como va, seguirá siendo una pesada carga sin beneficio alguno y puede terminar como refugio de impunidades.
Se han roto los equilibrios; los árbitros electorales están rebasados; el tejido social quebrantado…
La relación entre la sociedad y el Poder Legislativo en la entidad se ha roto.
Caemos en la indiferencia de dejar pasar, dejar hacer, refugiándonos en las pláticas de café y en los comentarios de las redes sociales.
Quienes tienen el poder se aferran a toda costa en la perpetuación de un continuismo.
Para nadie son un secreto las aspiraciones de Anaya que en su afán de ser el candidato se ha excedido.
El hastío de la gente frente a los abusos y excesos de las autoridades se ve reflejado al momento de emitir el sufragio.
El Estado de México es la cuna de las imposiciones, las corruptelas, las historias trágicas y las complicidades.
Por lo visto, el hartazgo llegó a Los Pinos, hacemos votos por que también llegue a algún penal de máxima seguridad.
Estamos atrapados en las inercias del lodazal, cuando tenemos la oportunidad de transformar el fango en cimientos.
Las campañas presidenciales arrastran a una contienda de todos contra todos, sin reglas ni misericordia.
Previó el escenario y comenzó a jugar las fichas a su alcance: salir del país y mantener a su familia a salvo.
De nada sirve tener un sistema específico si no existe quien aplique el marco legal.
Sin importar partido o grupo político se ha vuelto todo un deporte.
Es obvia la desesperación de un PRI desprestigiado que no encuentra un apoyo social y tampoco se resigna a perder el poder.
A pesar del grito desesperado de ¡ya basta! que la sociedad irritada emite, diariamente se presentan eventos que causan estupor.
Es un sobresaliente avance, que se obscurece al obtener un cúmulo de impugnaciones.
Lo que se necesita es la construcción de un proyecto de país en democracia, que no es labor de un hombre, sino de un pueblo.
Gobiernos sin respeto a la división de poderes ni al Estado de derecho, abriendo las puertas al saqueo, la impunidad y el deterioro de la clase política.