México es mucho más que el TLCAN
Nuestra posición en materia internacional ha demostrado que podemos defender con valor y gallardía nuestra soberanía.
Nuestra posición en materia internacional ha demostrado que podemos defender con valor y gallardía nuestra soberanía.
Nuestra divisa debe ser la dignidad, el patriotismo, la soberanía y la claridad de que el tiempo y la historia están de nuestra parte.
Su indudable cercanía al presidente Enrique Peña Nieto lo sitúan como un probable candidato presidencial.
Debemos reflexionar sobre los paradigmas fundamentales de nuestra historia contemporánea.
En la entraña misma de nuestra historia y de nuestra nacionalidad se encuentran elementos para darle un mejor rumbo a la nación.
La voluntad de los mexicanos y su ruta esperanzadora hacia una sociedad más justa es extraordinaria.
Nuestra Constitución original no sólo creo un Estado de derecho, sino un Estado social de derecho.
La única alternativa es poner de pie a la nación, para enfrentarnos, con todas sus consecuencias, al mayor imperio de todos los tiempos.
Millones de jóvenes enamorados de la libertad apoyamos esta nueva visión bolivariana encabezada por Fidel.
Otra propuesta diferente sería enfrentar la política norteamericana con una actitud nacionalista y agresiva.
Será muy duro, pero no es el fin del mundo, ni mucho menos la destrucción de nuestra nación.
En vez de ponernos de rodillas y llorar, debemos retomar el hilo de una historia que nos ha permitido ser un pueblo triunfador.
La aberración jurídica es inadmisible para cualquier jurista.
Los partidos se encierran y buscan conservar parte del poder político.
Es tiempo ya de que Peña Nieto asuma a plenitud su fuerza política, para sacar adelante la nación.
El tema de México seguirá siendo una polémica en lo comercial, financiero y migratorio.
Frente a la desigualdad, la acumulación absurda del dinero y la pobreza extrema, cada día se degradan y se pervierten más.
Sigue pendiente el resultado que se dé en las urnas, pues muchas veces hemos visto que la psicología de las masas se impacta con la emotividad.
Las garantías sociales requieren un Estado fuerte y capaz de construir un diseño social a través de políticas públicas.
Al jefe del Ejecutivo no le quedó otro remedio que sacrificar a su principal pieza en el ajedrez de la política pública.