Un enfant terrible
Hijo de médico y nieto de banqueros suizos, y si bien primero se trasladó a París para estudiar etnología en la Sorbona, desde adolescente descubrió su gran pasión por el séptimo arte.
Hijo de médico y nieto de banqueros suizos, y si bien primero se trasladó a París para estudiar etnología en la Sorbona, desde adolescente descubrió su gran pasión por el séptimo arte.
Los métodos expresivos de esta paradigmática cinta, confiados en gran medida a la agilidad y la fuerza del monólogo interior propuesto por Duras, descansan sobre el hilo conductor fragmentado y desgarrador.
Realizador australiano de más bien escasa filmografía, Baz Luhrmann es autor de algunos de los mayores éxitos comerciales de la no siempre pareja cinematografía de su país.
Después de un largo silencio a raiz de su incursión en el mercado estadounidense tras el gran éxito de su debut, este talentoso realizador vuelve a su país y retoma el camino abandonado más de una década atrás.
Tragedia lírica en tres actos, a partir de un nuevo libreto de Temistocle Solera basado en el Antiguo Testamento y la obra Nabuchodonosor de Anicète Bourgeois y Francis Cornue.
La producción de Joyce es esencialmente narrativa, y conocedor a ultranza del género moderno por antonomasia desde el genio de Cervantes, pasando por Sterne y Diderot, más su plenitud decimonónica.
Poeta de la contingencia, su estilo se muestra en apariencia sencillo, pero dicha claridad deviene más bien de su compromiso con lo que para él es mucho más que instrumento de expresión.
Estrenado en Madrid en el Teatro de la Zarzuela en 1957, curiosamente todavía durante la dictadura franquista, una nueva coproducción de la Ópera de Fráncfort y el Teatro Real ha vuelto a poner en el candelero esta importante obra dramático-vocal.
Como agua para chocolate, de Alfonso Arau, apartir de la exitosa novela homónima de Laura Esquivel, de 1992, es otro notable ejemplo, considerando que la rica y variada gastronomía mexicana constituye uno de nuestros más invaluables recursos patrimoniales.
Uno de los primeros artistas independientes que rompió con el mecenazgo, viviendo exclusivamente de su arte, de su trabajo como tramoyista, director y escenógrafo
Discípulo destacado de Adriano Tochio, confirmaría su gran vocación canora con Luigi Montesanto, precisamente por la época en que lo atrapó la Segunda Guerra Mundial y tuvo que enlistarse en un regimiento de infantería en Ravena.
Con tres premios Oscar en su carrera cinematográfica, privilegio hasta la fecha sólo compartido con el Woody Allen guionista, el nombre de Chayefsky se ha mantenido sobre todo a partir de la autoría de su más que original e incisivo guion.
La sexta y quizá más entreverada de sus diez óperas acabadas, en cinco actos y siete escenas, El ángel de fuego, con libreto del propio compositor ––a partir de la novela histórica homónima del polígrafo simbolista ruso Valeri Briúsov––.
Desde la perspectiva de otro sensible e inteligente niño que intempestivamente ve alterada la tranquilidad de su comunidad más inmediata, Belfast coincide con otros recientes filmes que igual se han detenido en temas neurálgicos.
Quizá esta Con una sombra en mi ojo no sea precisamente una película de época, pero en cambio resulta honesta y congruente, sumamente actual y pertinente, impecable en su hechura y en su intención de reflexionar en un pasado cercano.
Tomás Urtusástegui llegó a escribir más de cuatrocientas obras en sus casi cuatro décadas de ascendente trayectoria dramatúrgica, de las cuales sabemos se estrenaron más de la mitad. Hecho insólito.
Primero cuentista perspicaz y luego novelista que por la vía de la experimentación formal obtuvo sus iniciales éxitos, dentro de un contexto en el cual la narrativa mexicana de los cincuenta y sesenta perfilaba una sana tendencia de búsqueda.
Talento e inteligencia le permitieron describir con mayor exactitud lo que ningún otro hubiera podido hacer incluso viviendo noche y día en los ambientes novelados por el autor de A la recherche du temps perdu.
Perteneciente al tercer y más prolífico periodo de creación dde Stratford, la tragedia de Macbeth (1606) representa su obra maestra por excelencia.
La obra de Pushkin abrió brecha, y fue la primera en la que se encontraron fundidas dos tendencias opuestas: la nacional, atenta a las costumbres, al folklore y a la historia.