La hazaña que parecía casi imposible
La historia como siempre, ese juez implacable, tendrá la última palabra.
La historia como siempre, ese juez implacable, tendrá la última palabra.
Somos jugadores importantes. Nadie nos regala nada.
Estos hechos reales de nuestra historia deben recordarse siempre para no volver a errar.
Después de diez años de haber sacado de los cuarteles al Ejército y la Marina, violando la Constitución, no resolvimos el problema de la delincuencia organizada y el narcotráfico.
Enfrentemos la hostilidad injusta del extranjero, producto de la ignorancia, la arrogancia y la soberbia.
El Ejército y la Marina han actuado de manera sistemática y permanente como policía, sin tener facultades legales y en abierta contravención al texto constitucional.
La primera línea de defensa de nuestros intereses está en territorio estadounidense.
Las prisas los están llevando a una situación de copy/paste con redacciones presurosas negociadas en la Junta de Coordinación Política.
La supuesta supremacía estadounidense económica y militar, a partir de la caída del mundo socialista, fue efímera y engañosa.
El alza en gasolina, gas y diesel sólo fue el detonante de la cólera colectiva soterrada.
El espectáculo más repudiable lo dieron los políticos del sistema que buscaron como buitres la carroña del descontento.
Lo que es una verdad de Perogrullo es que la Tierra seguirá sus movimientos de traslación y rotación.
Las familias que tienen a sus parientes en “el otro lado” tendrán también una amarga Navidad.
Hoy. diez años después y un baño de sangre que abarcó toda la geografía nacional, pareciera un regreso al punto de no retorno.
Y la unidad nacional, tan cacareada, continuará siendo un espejismo.
Dentro de cien, doscientos años, se hablará de Castro, y de sus actuales críticos, ni quien se acuerde.
La decisión golpeará la Unión Europea. Especialmente con sus principales aliados Inglaterra, Alemania y Francia.
Es momento de realizar ajustes al modelo de desarrollo económico que cruje en estertores.
Revalorizar su aporte a la prosperidad y desarrollo estadounidense y una mayor comprensión de su apego a la raigambre mexicana.
El hecho es que para muchos, y en algo les asiste la razón, el sistema político esta agotado.