Cuando la dignidad vale 900 millones de pesos
No era más que una simple ambición de dos caras: desprestigiar al PRI, haciéndole campaña al PAN.
No era más que una simple ambición de dos caras: desprestigiar al PRI, haciéndole campaña al PAN.
Deuda como la que vivimos en la década de los ochenta, en que el gobierno mexicano se declaró en la insolvencia.
Reflejo de un sistema agotado, un régimen caduco y una administración marcada por la corrupción y las complicidades.
Y como denominador común de esas incongruencias, está la aburrida trivialidad de sus temas.
Inquietante es la constitucionalidad de las leyes locales que establecen el procedimiento para elegir magistrados supernumerarios.
No aprendemos que alguien advirtió que los que no aprenden de la historia corren el riesgo de repetirla.
En contraste con el crecimiento de López Obrador en las preferencias electorales, las precampañas de Meade y Anaya se estancaron.
Razón suficiente para que tales industrias se apeguen rigurosamente al cumplimiento de los principios de los derechos humanos.
Abogo por una Constitución sencilla, bien estructurada y que por su claridad se respete, siempre.
Todos los detalles sobre la visita a Oaxaca del precandidato del PRI con militantes fue difundida en tiempo real.
La declaración de invalidez requiere el voto favorable de por lo menos 8 de 11 de los ministros. Sabido es que varios de ellos son totalmente proclives a la validación de los asuntos estratégicos que interesan a la clase política dominante.
El comercial de Meade donde pretende engañar a la ciudadanía es ofensivo por desprenderse de la premisa de que el pueblo se lo puede creer.
Quien beba de la copa de la soberbia y el exceso de confianza puede sufrir un sonoro revés.
Votemos por los menos corruptos, los menos flojos, los menos tontos, por los que no nos hagan daño.
A un año del mandato de Trump
Siempre hizo lo correcto y, por ello, escapó al imperio del oportunismo, sea a través de la literatura o sea en su brillante desempeño político y legislativo.
El tiempo apremia y no pueden descuidar ningún ángulo, las debilidades de cada uno serán aprovechadas por sus contrincantes.
Los riesgos de una contienda sin ética, sin seriedad y sin respeto, humilla al electorado.
PRI y PAN son más de lo mismo y no representan el país que queremos. Habrá que trabajar a favor de otra opción.
A los ciudadanos les interesa saber qué efecto tendrán las propuestas de los candidatos en su entorno familiar o laboral.