Desata polémica anillo de Barragán
El escritor Juan Villoro y el pintor Francisco Toledo han calificado
como una falta de respeto el anillo que se creó con las cenizas del arquitecto Luis Barragán.
El escritor Juan Villoro y el pintor Francisco Toledo han calificado
como una falta de respeto el anillo que se creó con las cenizas del arquitecto Luis Barragán.
El hilo conductor que propuso Pacheco entre literatura y realidad fue la obra Vidas Paralelas, del griego Plutarco, jugando con el Elías Calles que fundaría el imperio del PRI sobre el pilar de las cenizas de Obregón.
Maya Lima: despojarse de máscaras, no cejará hasta descubrir por sí misma, que hay formas en el arte, que se proponen para ser seguidas y ante ellas el problema consiste en obedecer o no.
Marcela Magdaleno opta por explorar la y las metamorfosis de sus filosofías, historias y sentires.
Si todo individuo tiene el deber de reflexionar en torno a la palabra, con mayor razón un escritor, alguien que, usando los sintagmas como materia prima, moldea ideas, sensaciones, imágenes, caracteres, tramas…
Vicente nunca está satisfecho, pero sí persuadido de que ese camino hasta ahí llega, que ha completado ese objeto, esa pieza que se suma ahora a la Creación.
Una primera certidumbre: será imposible que se reaparezca en los escenarios y en las pantallas una figura como la de Mario Moreno.
La cultura hoy, mañana y siempre ofrece su edición 150, con textos sobre la exposición Pinta la Revolución, Trump, Michel Foucalt y Rafael Solana, entre otros temas.
Rafael Solana dejó escritos sólo cuatro libros de ensayos: Leyendo a Loti (1959), Leyendo a Queiroz (1961), Oyendo a Verdi (1962) y Leyendo a Maugham (1980).
Ernst Jünger conoce el efecto mágico de las palabras escritas. Se da cuenta que los ideales caballerescos de Hitler, como los de Don Quijote de la Mancha, influyen en un lector que se olvida de sí mismo, para crear una historia, su historia.
Imposible no sentir nostalgia cuando Francisco Hernández retrata a la misteriosa Emily hundida en ese delirio de silencios y soledad, cuando se revelan los propósitos de Charles B. Waite.
Nos permite un reencuentro con lo mejor de nuestra cultura que en ella se muestra de una manera diferente.
Era 1941, centro de la época de la Segunda Guerra Mundial, tiempo en el que Virginia se sentía imposibilitada a lo que fuera toda su vida: escribir.
Curiosamente las “altas culturas” son la que se desligan del transcurrir natural y pretenden someterlo a la razón, a la eficacia, a lo incorpóreo.
La recopilación de una obra (propia o ajena), es, por principio, arbitraria, pues obedece a un gusto personal, a lealtades que el autor o el compilador guarda con los propios textos.
Se desposa con un elfo mexicano: el caminante y poeta Renato Leduc, quien la sedujo en un té danzante parisino.
¿Qué tan jarochos somos los mexicanos? “Más de lo que creemos y menos de lo que deberíamos”.
La dirección de Eduardo Soto es en verdad loable al saber combinar y equilibrar con destreza cada momento de diálogos humorísticos, elementos audiovisuales y coreografías paródicas.
El despliegue de temas es tan vasto que la narración se vuelve inagotable y trasciende la fácil clasificación de “novela de la dictadura”.
La cultura nivela, concilia y permite construir un mundo sin vallas, linderos y mucho menos muros.