Bartlett, la decisión correcta
Estará a cargo del diseño de una política energética basada en los intereses de los mexicanos.
Estará a cargo del diseño de una política energética basada en los intereses de los mexicanos.
La ecuación está formando una tormenta perfecta para una crisis mayor.
La elección del domingo podría significar el cambio en el poder más importante desde la Revolución Mexicana.
El decreto sí privatiza, es una trampa porque permite la explotación privada del agua.
La agresión de Trump no es específica en contra de México; fue en contra de todo el mundo que realiza acciones comerciales con Estados Unidos.
Es un equivalente a ser un responsable subsidiario de la política migratoria norteamericana.
La llegada de López Obrador significará hacer que el sistema funcione, que los pesos y contrapesos se hagan valer.
Frente a la inminente pérdida del PRI, ya hace cálculos y lo hace visualizando que López Obrador será presidente.
Estas acciones que parecen descabelladas tienen un cálculo y una estrategia que le permiten consolidar una base de largo plazo.
A lo largo de la historia, hemos observado que el momento de mayor riesgo para los Estados es el cambio en el poder.
China vive una transformación cien veces mayor y diez veces más rápida que la primera Revolución Industrial.
Por primera vez en la historia tenemos un candidato sujeto de interés de la PGR.
En un momento en el que el mundo vuelve a girar a lo social; cuando la tendencia es proteger a los trabajadores, esta ley los desprotege.
El comercial de Meade donde pretende engañar a la ciudadanía es ofensivo por desprenderse de la premisa de que el pueblo se lo puede creer.
El punto más grave de todo esto es la falta de una propuesta de ruta para la conducción de un proceso viciado, frágil.
Los “aplaudidores”, los “quedabien” y los “cortesanos” dominaron la agenda con mayoría y cinismo, sin argumentos.
No hubo una política de seguridad más allá de la desastrosa decisión de juntar las secretarías de Seguridad Pública con la de Gobernación.
Es momento de que la izquierda responsable gobierne el país con una visión social, democrática y de compromiso.
Priva en el imaginario colectivo una fe compartida de que el país no es conducido por el rumbo adecuado.
Todo por una sola obsesión: los amigos, los incondicionales y los castrados tienen derecho a estos cargos.