La CUP llama a la “desobediencia civil masiva”
Mientras el consejero Romeva llamaba a los funcionarios catalanes a no obedecer las “órdenes de Madrid”.
Mientras el consejero Romeva llamaba a los funcionarios catalanes a no obedecer las “órdenes de Madrid”.
El Govern actúa de mala fe. Lo mismo que el inquilino de la Moncloa. Sus lugartenientes echan leña al fuego y se disputan el primer lugar de las incongruencias más exquisitas y repudiadas.
Ya estamos que el voto por la independencia es otra cosa, no comparable a las que he puesto como ejemplo, pero tampoco hay un derecho humano, es decir, absoluto.
Franco, enemigo de vascos y catalanes o de todo liberalismo y libertad, asesino de comunión diaria.
Los independentistas creyeron que, las reacciones internacionales ante la actuación policial, y la cuestionada votación les serviría para llevar a una Declaración de Independencia exprés.
Carmen Calvo, que encabeza la negociación del PSOE con el Gobierno, también ha confirmado el pacto para unas elecciones en enero.
El Ejecutivo afirma que va a continuar con los trámites previstos en el artículo 155 “para restaurar la legalidad”.
Este hombre, quien nos habla ahora para SIEMPRE!, no hace metáfora alguna cuando afirma que ha trabajado excavando la tumba del General Franco.
Última oportunidad del Gobierno para que el presidente catalán vuelva a la legalidad.
El Tribunal Constitucional había suspendido cautelarmente la medida, aprobada por el Parlamento regional desde el pasado 6 de septiembre.
Han puesto en marcha una campaña de propaganda victimista en la que llaman a Europa a “salvar Cataluña antes de que sea demasiado tarde”.
Puigdemont pide una reunión con Rajoy, además de dos meses para negociar, y aprovecha la misiva para atacar a las fuerzas de seguridad del Estado por su violencia.
Cataluña es una solución ignorada por el centralismo español, o un problema que ya lanzó la bola de nieve del separatismo.
Puigdemont está convencido que no tiene respaldo internacional ni capacidad suficiente para controlar la economía regional, ya como país, y, mucho menos, las fronteras.
Lo peor del caso es que todo puede empeorar: los radicales independentistas podrían radicalizarse aún más. El futuro es desconocido. Ni los más reputados augures saben lo que pueda ocurrir.
Una marcha que reivindica una vez más la unidad de España.
Pide un requerimiento a Puigdemont sobre la declaración de independencia y actuará según su respuesta.
El presidente de la Generalidad ha pedido el mandato “para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”, pero lo suspende para dialogar.
Desde el PDeCAT se intenta suavizar las formas y hablan de una declaración simbólica sin necesidad de votar el texto.
La organización cifra la asistencia en más de un millón de personas, mientras que sólo 350.000 se concentraron el 11 de septiembre para pedir la independencia.