Septiembre en la historia
El maniqueísmo típico de nuestra historia solo plantea dos bandos, no hay medias tintas, solo se trata de buenos contra malos, los heroicos y los traidores.
El maniqueísmo típico de nuestra historia solo plantea dos bandos, no hay medias tintas, solo se trata de buenos contra malos, los heroicos y los traidores.
Prevalece la impunidad y una debilidad institucional que da miedo.
Cada jefe del Ejecutivo de turno refleja estar convencido de que ha reinventado México.
Hace falta una mayor empatía porque muchas personas que sufrieron la pérdida de seres queridos no perdonarán.
No se ve una oposición sólida, Morena es una mayoría contundente y se necesitan todas las voces.
No pasa un día en que la agenda política nacional no se desprenda de los dichos o hechos del mandatario en ciernes.
La seguridad es un tema toral para la próxima administración que heredará un verdadero desastre de la que ya concluye el encargo.
Todo lo que alguna vez se criticó lo hicieron ellos para mermar la calidad moral. La desmemoria los absorbió.
La simulación ha sido un problema endémico, aunque el tricolor tiene una oportunidad para refundarse; es la hora cero.
Las urnas simplemente fueron un eco del hartazgo, del repudio y a la vez de la esperanza.
Ya terminó la elección, ganadores y perdedores se han inscrito en los registros históricos por una razón u otra.
La política es amoral, lo importante es ganar el poder aunque se pierdan otras cosas como el estilo y la categoría.
Desterrar la violencia para que el ejercicio del domingo 1 de julio transcurra bajo el signo de la paz.
En la Plaza de las Tres Culturas se padeció un ritual sangriento que permaneció cubierto bajo un sudario de impunidad hasta nuestros días.
Se trata de ese singular ritual ante la urna sin testigos, ejercicio democrático que legitimará a las próximas autoridades.
Son muchos los pendientes aunque también resulta abundante la demagogia.
Los electores merecen algo más que fuegos fatuos y pirotecnias discursivas.
La democracia no se afianza con mentadas de madre ni apelando a los juicios sumarísimos de una multitud.
La ambición, el colaboracionismo con el actual régimen y la mezquindad han dejado ajada su estructura.
La cultura y el arte no tienen espacio en las agendas de los candidatos. Las prioridades son otras.