Farmear los 80 con IA

El mismo adulto que le pide a un adolescente una utilidad que jamás se exige a sí mismo cuando se pierde una tarde generando autorretratos ochenteros está, sin saberlo, poniendo en evidencia que el reclamo nunca fue realmente sobre la productividad.

Sabías que cuando compras una película, un disco o un libro digital en internet, en realidad no estás comprando absolutamente nada

Imagina que entras a tu biblioteca digital y el libro que estabas leyendo a la mitad desapareció porque la editorial cambió de opinión, o que tu canción favorita de Spotify ya no está disponible por un pleito de derechos de autor.

Sabías que regular la IA será un dolor de cabeza

Hoy estamos en una encrucijada similar. Existe una preocupación real de que, por más “leyes” o códigos de ética que le programemos a la IA, estamos intentando domar a una bestia que no entiende el “porqué”, solo el “cómo”.