Covid, vacunas renacimiento de la guerra fría
Poco importa recordar que hace unos meses el presidente ofreció que su gobierno garantizaría la vacunación universal y gratuita a los 126 millones de mexicanos que viven en territorio nacional.
Poco importa recordar que hace unos meses el presidente ofreció que su gobierno garantizaría la vacunación universal y gratuita a los 126 millones de mexicanos que viven en territorio nacional.
La demagogia ha sido posible gracias al fracaso de las opciones partidistas. Hay un rechazo a nivel planetario a los políticos y sus partidos. También ese desprestigio afecta a la política misma y específicamente a la democracia.
Los niveles de posibles actos de corrupción, de los que nos enteramos por medios públicos, incluidos los que divulga el mismo gobierno son innumerables y parecieran parte de estrategias de campaña en contra de la llamada Cuarta Transformación.
Los tres sufrieron prisión por varios años, por el “delito” de opinar críticamente y difundir sus ideas contra la dictadura de Castro.
La condena a los opositores era algo cotidiano. Eso repetían todos los periódicos, todas las estaciones de radio y los canales de Televisión. Salvo espacios en la Revista Siempre.
Los habían casi linchado el 1 de enero de 1970. Por un mínimo de lealtad, de fraternidad y de encabronamiento mi lugar estaba en México peleando por su libertad.
De esa manera es posible practicar una política contraria a los postulados con los que consiguieron obtener una amplia aprobación a sus promesas, a las que dejaron al lado en cuanto empezaron a gobernar.
La inmensa tragedia por la pandemia se considera muy grave por la OMS. Los responsables de combatirla voltean al otro lado y nos responden “ese llamado de atención de la OMS no es para nosotros, es para el país” (sic).
En su denominado 4° Informe, aunque moderó su tono agresivo contra la “oposición” y celebró su existencia como parte de la democracia, realizó un ejercicio de auto elogio muy preocupante.
Castro consiguió, lo sigue haciendo después de muerto, convertir al imperialismo yanqui en el culpable de todas las precariedades materiales de la Isla y también de la justificación de las limitaciones a las libertades.
Estamos ante un fenómeno de ese tipo con la detención del General Salvador Cienfuegos, ex secretario de la Defensa Nacional, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Esta detención ocurrió el 16 de octubre pasado en los Ángeles, California.
Mientras se producen éstos fenómenos en el ámbito de agrupaciones que intentan unir sus fuerzas para dar la batalla política en el marco institucional e incluso electoral, ocurren diariamente hechos de violencia cada vez más salvajes.
Uno de los resultados perversos de esa polarización electoral, es paradójicamente, que no corresponde siempre a una división social, étnica, cultural, de género, de orden generacional.
La lectura con ojos del pasado no sirve absolutamente para nada. Efectivamente, es una rebelión contra la desigualdad, es una rebelión contra un modelo llamado neoliberal, pero es eso y mucho más.
La tragedia por el Covid-19 y sus consecuencias en el conjunto de la triste catástrofe sanitaria solo puede narrase acudiendo episodios del Apocalipsis o el Infierno de Dante.
Algunos escribirán en torno a su trayectoria como médico, investigador, político oficial y demás rasgos de su biografía, a lo largo de 95 años de vida; quiero comentar algunos de los momentos que tuve ocasión de actuar durante su rectorado.
Las “izquierdas” que apoyan al gobierno llamado de la Cuarta Transformación, no tienen elementos sólidos o siquiera promesas de cambios sociales y políticos que ameriten su creciente fanatismo pro AMLO.
El presidente fue aún más irresponsable, al afirmar que en el Movimiento del 68 los estudiantes estaban infiltrados y ahora las feministas también. No debemos olvidar que esa fue la “tesis” del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, para justificar la brutal represión del 2 de octubre en Tlatelolco.
Todo ello bajo el canto de sirenas de “combatir a la corrupción”, flagelo producto del neoliberalismo, sin ofrecer programa alguno para combatir las raíces de la desigualdad, la violencia, la pobreza y conducir al país por un camino de cambios.
Cuando empezaron a ocurrir tantos episodios bananeros, algunos analistas consideraban que en un país como México era imposible que eso tuviese alguna viabilidad.